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Empieza el juego (Jane)

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Empieza el juego (Jane)

Mensaje por Soren Z. Löweswarz el Jue Mar 20, 2014 9:18 pm

Soren siempre había sido de esas personas que conseguían lo que querían. Si la diosa Fortuna no le concedía aquello que más anhelaba, el león tomaba la iniciativa y actuaba por su propia cuenta. Había sido así cuando contaba con su forma leonina y también cuando su aspecto humano fue capaz de ocultar su alma negra. Y todo ese tiempo que el hombre había pasado bajo la maldición no habían hecho que esa cualidad menguara. Solamente la había adormecido, oculta bajo la máscara de un tiburón burocrático que pasaba sus horas tras la mesa de un despacho, concediendo préstamos bancarios a cuantos los pidieran, dirigiendo la institución como el rey de hierro que era en su interior. Pero ahora todo había cambiado. Sus preciados recuerdos estaban volviendo poco a poco a su cabeza; lo que fue, lo que hizo, todo lo que tenía. Los rencores y las alianzas de su vida pasada se encendían en su corazón con una renovada fuerza. Y ahora Scar había vuelto para reclamar el trono que la maldición le había quitado.

Porque tras de sí había dejado aquel tan anhelado reino que tanto le había costado adquirir. Donde antes había un rey con sus leales súbditos, ahora solamente había un banquero que pasaba sus días en el pueblo de Storybrook, languideciendo lentamente en su mansión, deseando de vuelta un reino que prácticamente no había tenido tiempo de disfrutar. Estaba allí anclado, siendo un don nadie. Lo había tenido todo, y lo había perdido por la maldición que los había arrastrado a aquel mundo.  Y un rey que no poseía ningún reino no servía para nada. No valía nada. Más no todo estaba perdido. Soren no estaba acabado, pues aun contaba con algo mucho más valioso que el reino que había dejado atrás. Su cerebro. Con él, podía conseguir cuantos reinos quisiera. Ya había conseguido uno en su vida anterior. ¿Por qué no iba a repetirse el milagro? Solamente tenía que pensar, y el mundo entero estaría en sus zarpas.

Las pisadas de sus caros y elegantes zapatos resonaban en los vacíos pasillos de los juzgados. Su elegante y regia figura, enfundada en un traje negro que costaba más de lo que la mayoría ganaba en cinco meses, se paseaba en busca de algo. O mejor dicho, de alguien. Sus ojos observaban cada detalle, escaneando cual cazador en busca de su presa. Nunca había sido un gran cazador en la Sabana, más en ese mundo, ese tipo de cacería era la que mejor se le daba. Sabía que la mujer estaba allí, en su lugar de trabajo. Su nombre en este mundo era Jane Sullivan, pero a Soren le interesaba mucho más cómo la habían llamado antes de la maldición. Y sabía cuál era ese nombre. Había empezado a investigarla algún tiempo atrás, y por ese motivo conocía su identidad secreta. No se había molestado en conocer, sin embargo, la identidad de todos los habitantes de Storybrook; solamente de aquellos de los que esperaba obtener algo. Y de esa mujer esperaba obtener algo muy, pero que muy importante. Algo que bien podría valer un reino, si sabía cómo jugar bien sus cartas. Y Soren conocía muy bien el juego, y lo que es más importante, cómo ganarlo.  

Una puerta se abrió lentamente, dando paso a una avalancha humana ansiosa por ser libre de aquellas opresivas cuatro paredes que todo lo rodeaban. Soren pensó que estarían en una reunión, en un juicio, o quizás en una fiesta. Lo cierto es que eso le daba lo mismo. No le importaban lo más mínimo los anónimos rostros que desfilaban frente a él. No eran nadie. Peones prescindible. Menos que eso, incluso, ya que ellos no le servían para nada. Pero la mujer sí. Ella sí que sería un buen peón. Al menos, eso esperaba el hombre. Seguro que sí, todo el mundo allí era igual. Confiado, ingenuo, predecible. Los héroes de corazón puro siempre se tragaban todo lo que uno les contaba; las princesas no estaban acostumbradas a tratar con las mentiras. Por eso era tan fácil hacer lo que uno quisiera. No es que a Soren le gustara que le pusieran las cosas tan sencillas, pero si así lo había decidido el destino, no iba a ser él quien se quejara de la situación.

La reconoció en seguida, y fue hacia ella con determinación. No era un hombre que vacilara. –Disculpe - le dijo, con una educación exquisita. Él siempre era así: encantador por fuera, pero un verdadero cretino en el fondo. Pero ese fondo jamás era mostrado a todos los demás, y lo que los demás veían era a una persona tan amable y sincera como el que más. Así es como se gana un reino. - ¿Es usted Jane Sullivan? – Claro que lo era. Y también era otra persona muy diferente. Esa era la que necesitaba. - ¿Puedo hablar con usted en privado? – No temía que lo descubrieran. Nadie sabía quién se escondía bajo la máscara de Soren, el banquero alemán. Para aquellos habitantes, Scar jamás había llegado a Storybrook. Quizás, si alguno de sus coetáneos de la Sabana lo hubiera visto por ahí, hubiera podido apreciar la leve marca de una cicatriz en su ojo, tal y como un león negro la había tenido también. Pero nadie allí conocía la existencia de tal relación entre el león y la cicatriz. Soren era una simple persona, que ninguna amenaza representaba frente a héroes, princesas, brujas, criaturas mágicas y todo ese tipo de cosas de buen corazón que anidaban por el pueblo. Por tanto, ellos no tenían nada en contra del alemán. Estaba a salvo para campar a sus anchas sin que nadie intentara cortar su cabeza y colgarla frente a la chimenea. Y esa situación se prolongaría solamente lo necesario. Soren sabía cuándo Quitarse la máscara. En el momento en que a él le conviniera. Y cuando lo hiciera, todo el mundo temblaría. Eso era seguro.
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Re: Empieza el juego (Jane)

Mensaje por Jane Sullivan el Jue Mar 20, 2014 11:17 pm

"Pregúntame algo, deprisa, algo que alguien inteligente tendría que saber" Esa había sido su segunda reacción. Primero se había dado cuenta de lo que le faltaba, y luego de lo que ahora tenía. Un cerebro que Arista no habría sido capaz siquiera de comprender. Quizás ya no tenía mi cuerpo de modelo, pero ahora tenía otras cualidades. Con todo, no dejaba de atormentarme un poco cuando me miraba al espejo. Echaba de menos a mi verdadero yo. Pero si no estaba enfadada con la reina, era por las cosas buenas que tenía mi nuevo yo.

Me costó mucho menos de lo que esperaba volver a mi trabajo, a mis casos. Me gustaba sentirme útil, necesitada. Nadie necesitaba a Arista. ¿Qué hacía como Arista? Reír y jugar con mis hermanas, a las que no veía por ninguna parte. No las había visto, y no sabía si me atrevería a confesarles quien era. Temía que se rieran de mi nuevo aspecto, que no lo entendiesen. O incluso que no me creyeran dado lo distinta que era ahora. Ya no parecía ser yo, en ningún aspecto.

Todas las mañanas parecían iguales. Me levantaba, me vestía, con bastante más acierto que antes, por cierto, y me dirigía al trabajo. Pero aquel día me vi abordada por alguien nuevo. Un hombre trajeado, con un traje que debía tener un coste similar al mío. Por tanto, debía tratarse de alguien importante. Y siendo alguien importante, su caso también debía serlo. Quizás tuviese repercusión mediática y eso al jefe siempre le gustaba.

_ Sí, soy Jane Sullivan. Si me acompaña puedo llevarle a mi despacho y puede comentarme usted su caso. _ Le dije, mientras comenzaba a andar hacia el amplio despacho que las hazañas como abogada durante la maldición me habían conseguido. Me senté en el escritorio y le indique con un gesto que se sentase, mientras sacaba unos papeles._ Si me dice su nombre podemos empezar.


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